Cómo reconocer las primeras señales del agotamiento en líderes
Termina la jornada.
El equipo se ha ido. El ordenador está cerrado. Aparentemente, el trabajo ha terminado.
Pero tú sigues allí.
Repasando una conversación. Pensando en alguien que no estaba bien. Anticipando un problema de mañana. Recordando algo que no quieres olvidar.
Quizá no te sientas agotado. Quizá incluso pienses que estás bien.
Pero hay una pregunta que merece la pena hacerse sobre el agotamiento en líderes:
¿Cuánto espacio de mi vida sigue ocupando el liderazgo cuando ya no estoy trabajando?
Porque vaciarse liderando no siempre empieza con agotamiento. A veces el agotamiento en líderes empieza con una disponibilidad que parece compromiso.
¿Cuándo estar siempre disponible parece formar parte del liderazgo?
Hay formas de ejercer la responsabilidad que están muy valoradas.
- Estar.
- Responder.
- Resolver.
- Anticiparse.
- Cuidar al equipo.
- Implicarse.
Nada de esto es necesariamente un problema. La dificultad puede aparecer cuando dejamos de poder elegir.
Cuando respondemos mensajes aunque nadie espere una respuesta inmediata.
Cuando alguien tiene un problema y automáticamente sentimos que tenemos que intervenir.
Cuando pensamos antes en lo que necesitan los demás que en lo que necesitamos nosotros.
Cuando decir “ahora no” empieza a resultarnos incómodo.
O cuando descansar genera una extraña sensación de culpa porque sabemos que hay algo pendiente.
Quizá desde fuera sigamos pareciendo personas comprometidas. Y probablemente lo seamos.
Pero merece la pena preguntarnos:
¿En qué momento cuidar al equipo empieza a significar dejar de cuidarme a mí?
Cuando empiezo a hacerme cargo
Liderar implica responsabilidad. Pero responsabilidad y hacerse cargo de todo no es exactamente lo mismo.
- Podemos acompañar a una persona sin resolver por ella.
- Podemos escuchar una dificultad sin convertirla automáticamente en nuestra.
- Podemos estar disponibles sin estarlo permanentemente.
Y, sin embargo, la frontera no siempre es fácil de reconocer.
- A veces empezamos a anticiparnos a las necesidades del equipo.
- Resolvemos antes de que alguien pida ayuda.
- Evitamos que otros atraviesen determinadas dificultades.
- Nos sentimos responsables no solo del trabajo, sino también de cómo se sienten las personas.
Y casi sin darnos cuenta podemos empezar a ocupar un lugar excesivamente central.
Entonces aparece una sensación conocida por muchos managers:
“Si yo no estoy, no sé qué pasará.”
Quizá la pregunta sea:
¿Realmente todo depende de mí o he ido ocupando un lugar en el que siento que todo depende de mí?
Cuando mis necesidades siempre pueden esperar
Hay una señal especialmente silenciosa. en el agotamiento en líderes No dejamos de cuidarnos de repente sino que lo vamos posponiendo.
- Esta semana no puedo.
- Cuando termine este proyecto.
- Cuando pase esta época.
- Cuando el equipo esté más estable.
- Cuando resolvamos este problema.
Y nuestras propias necesidades van quedando para después y lo más curiosos es que no ocurre necesariamente porque alguien nos lo exija. A veces somos nosotros quienes hemos aprendido a colocarnos al final.
Y podemos hacerlo durante bastante tiempo sin sentir que existe un problema, pero interiormente empezamos a quedarnos sin espacio.
La dificultad para salir del rol
Quizá una de las señales más claras del agotamiento en líderes aparezca precisamente cuando termina el trabajo.
El cuerpo se ha ido de la oficina, pero la mente no. Seguimos pensando en conversaciones, en decisiones, en personas, nos llevamos mentalmente al equipo a casa….
Y no siempre lo vivimos como preocupación, a veces simplemente estamos acostumbrados.
Pero el liderazgo empieza entonces a ocupar espacios que pertenecen también a otras partes de nuestra vida.
Y aquí aparece una pregunta que puede resultar incómoda:

Y, sobre todo:
¿cuándo fue la última vez que te lo preguntaste tú?
El instante en el que algo empieza a cambiar
No necesitamos llegar al límite para escucharnos, a veces el cambio empieza mucho antes y es en un instante aparentemente pequeño.
Cuando dejamos de decir:
“Es una época.”
“Ya pasará.”
“Es lo que tiene tener responsabilidad.”
Y podemos reconocer: “Esto me está pasando.”
No sabemos todavía qué significa, ni qué tenemos que hacer. Pero hemos dejado de mirar únicamente hacia fuera.
Ese instante me parece especialmente importante. Porque cualquier proceso de transformación necesita primero un lugar desde el que poder mirar lo que está ocurriendo, sin juicio y sin tener que encontrar inmediatamente una solución.
SER para LIDERAR empieza también aquí.
Liderar no debería exigir desaparecer detrás del rol.
Cuidar a las personas no debería implicar dejar de incluirnos entre las personas que necesitan cuidado.
Por eso, cuando hablo de SER para LIDERAR, no hablo únicamente de aprender nuevas herramientas de liderazgo.
Hablo de algo anterior: de poder seguir estando en contacto con nosotros mismos mientras ejercemos nuestra responsabilidad.
Quizá no necesitemos responder hoy a todas estas preguntas. Puede ser suficiente empezar por una:
¿Cuánto espacio me queda a mí dentro de mi propia manera de liderar?
Porque algunas transformaciones no empiezan tomando una gran decisión. Empiezan cuando dejamos de pasar por alto aquello que, silenciosamente, lleva tiempo ocurriéndonos.
Cuando reconocer el agotamiento en líderes es el primer paso
Si algo de lo que has leído está poniendo palabras a un momento que estás atravesando, quizá no necesites encontrar inmediatamente una solución.
A veces necesitamos primero un espacio donde poder detenernos, comprender qué nos está ocurriendo y distinguir qué necesitamos realmente antes de tomar decisiones.
Acompaño a líderes y profesionales que atraviesan momentos de sobrecarga, cambio o complejidad a realizar ese proceso desde una mirada profunda, sistémica y centrada en la persona.
