Hay momentos en la vida en los que algo empieza a moverse antes de reconocer que algo no está bien y saber exactamente qué significa.
Quizá seguimos trabajando.
Seguimos cumpliendo.
Seguimos tomando decisiones.
Desde fuera, incluso, puede parecer que nada ha cambiado.
Pero dentro empieza a aparecer una certeza difícil de explicar:
“No quiero seguir exactamente así.”
Todavía no sabemos qué queremos cambiar.
Ni qué decisión tendremos que tomar.
Pero algo ha dejado de encajar.
Y quizá uno de los momentos más importantes de cualquier proceso de transformación sea precisamente ese: el instante en el que dejamos de resistirnos a lo que nos está pasando.
LAS FORMAS QUE TENEMOS DE SEGUIR ADELANTE AL RECONOCER QUE ALGO NO ESTÁ BIEN
Tenemos una enorme capacidad para adaptarnos.
Especialmente quienes estamos acostumbrados a asumir responsabilidades, resolver dificultades o sostener a otras personas.
Por eso, cuando algo empieza a incomodarnos, podemos convivir bastante tiempo con ello.
- “Es una época.”
- “Estoy cansado.”
- “Cuando termine esto estaré mejor.”
- “No es para tanto.”
- “Ahora no es el momento.”
¿Te resuena?
Y seguimos, no necesariamente porque no queramos escucharnos. A veces simplemente todavía no estamos preparados para hacerlo.
Porque reconocer que algo nos está ocurriendo puede abrir preguntas que no sabemos cómo responder.
CUANDO LAS RESPUESTAS DE SIEMPRE YA NO SIRVEN
Hasta que llega un momento en el que nuestras explicaciones empiezan a quedarse pequeñas. Quizá seguimos diciendo que estamos cansados, pero intuimos que no es solamente cansancio.
Seguimos pensando que necesitamos vacaciones, pero algo dentro nos dice que descansar quizá no sea suficiente.
- Intentamos organizarnos mejor.
- Poner más voluntad.
- Recuperar la motivación.
Pero aquello que sentimos permanece.
Y puede aparecer una pregunta diferente:
¿Y si el problema no fuera simplemente conseguir volver a estar como antes?
Quizá algo esté pidiendo ser mirado.
“ESTO ME ESTÁ PASANDO”

Hay un instante que me parece especialmente valioso.
- No suele ser espectacular.
- No necesariamente tomamos una decisión.
- No dejamos el trabajo.
- No cambiamos nuestra vida.
Simplemente dejamos de intentar convencernos de que aquí no pasa nada.
Y reconocemos: “Esto me está pasando.”
Puede parecer una frase pequeña.
Pero contiene un movimiento profundo porque dejamos de minimizar, de justificar y de esperar únicamente a que pase.
Y empezamos a acoger nuestra experiencia.
Acoger no significa resignarnos. Tampoco significa saber inmediatamente qué tenemos que hacer.
Significa permitirnos estar con aquello que nos ocurre el tiempo suficiente para empezar a comprenderlo.
EL ESPACIO ENTRE RECONOCER QUE ALGO NO ESTÁ BIEN Y DECIDIR
Vivimos en una cultura muy orientada a encontrar soluciones.
- ¿Qué hago?
- ¿Cómo lo cambio?
- ¿Qué decisión tomo?
Pero quizá exista un momento anterior que necesitamos respetar.
El espacio entre reconocer lo que me pasa y decidir qué quiero hacer con ello.
Es un espacio incómodo porque todavía no tenemos respuestas y:
- Podemos descubrir cansancio.
- Miedo.
- Soledad.
- Necesidad de reconocimiento.
- Dificultad para decepcionar.
- Una responsabilidad que ya pesa demasiado.
O quizá simplemente la sensación de que la manera en la que hemos estado viviendo ya no nos representa y no sabemos de antemano qué encontraremos.
Precisamente por eso necesitamos escucharnos antes de decidir.
COMPRENDER ANTES DE CAMBIAR
Para mí, acompañar un proceso de transformación no consiste en decir rápidamente a una persona qué debería hacer.
Hay decisiones que necesitan profundidad.
Porque cambiar de puesto, poner un límite, tener una conversación difícil, dejar algo, empezar algo nuevo o modificar nuestra manera de liderar puede afectar a muchas partes de nuestra vida.
Antes de preguntarnos:
“¿Qué tengo que hacer?”
quizá necesitemos preguntarnos:
“¿Qué me está pasando?”
Y después:
“¿Desde dónde quiero tomar esta decisión?”
Este es uno de los lugares desde los que nace SER para LIDERAR.
No de la búsqueda de una nueva técnica para liderar mejor.
Sino de la posibilidad de detenernos, reconocernos y recuperar suficiente contacto con nosotros mismos para poder elegir.
Porque algunas transformaciones empiezan mucho antes de tomar una decisión.
Empiezan cuando dejamos de huir de una frase sencilla: Esto me está pasando.
