Agotamiento mental: escucha tus señales y cuida tu liderazgo

Agotamiento mental

Agotamiento mental y la necesidad de bajar el ritmo

Hay momentos en los que no sabemos explicar exactamente qué nos pasa.

Seguimos trabajando. Tomamos decisiones. Cumplimos con nuestras responsabilidades. Desde fuera, probablemente, nadie diría que ocurre nada.

Pero empezamos a notar pequeños cambios:

  • Tenemos menos paciencia.
  • Nos cuesta concentrarnos.
  • Una conversación que antes habríamos gestionado con tranquilidad nos desborda.
  • Necesitamos silencio.
  • Olvidamos cosas.
  • Llegamos al final del día con una sensación extraña de saturación.

Y aparece una frase:

“Últimamente no sé qué me pasa.”

Quizá estas pequeñas señales sean también una forma en la que empieza a manifestarse el agotamiento mental.

CUANDO REACCIONO DE UNA MANERA QUE NO RECONOZCO

A veces de agotamiento mental la primera señal aparece en nuestra relación con los demás.

  • Nos irrita una pregunta aparentemente sencilla.
  • Respondemos con menos paciencia.
  • Nos cuesta escuchar.
  • Llegamos a casa y necesitamos que nadie nos pida nada.
  • Y después incluso podemos sentirnos mal.

“No era para tanto.”

“Por qué he reaccionado así”

Quizá no haya cambiado tanto aquello que nos están pidiendo.

Quizá haya cambiado el espacio que tenemos disponible para recibirlo.

Cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo muchas cosas simultáneamente, nuestra capacidad para acoger una demanda más puede reducirse y algo pequeño empieza a sentirse enorme.

CUANDO MI CABEZA YA NO FUNCIONA COMO ANTES

Otras veces lo notamos el agotamiento mental en nuestra capacidad para pensar.

  • Leemos un correo varias veces.
  • Entramos en una habitación y olvidamos qué íbamos a buscar.
  • Nos cuesta ordenar ideas.
  • Saltamos de una tarea a otra.
  • Una decisión sencilla nos exige un esfuerzo desproporcionado.

Y entonces aparece la exigencia:

“Tengo que organizarme mejor.”  “Antes podía con todo.”

A veces, esta dificultad para pensar con la misma claridad puede aparecer en momentos de agotamiento mental.

Pero quizá la pregunta no sea qué nos está fallando.

Quizá sea:

Cuántas cosas está intentando sostener mi mente al mismo tiempo.

Porque pensar, decidir, anticipar, recordar, contener emociones, gestionar conflictos y mantenernos permanentemente atentos también ocupa espacio.

agotamiento mental
El cuerpo también tiene su lenguaje de agotamiento mental.

Y está el cuerpo.

  • Quizá dormimos, pero no sentimos que descansamos.
  • Apretamos la mandíbula.
  • Respiramos más superficialmente.
  • Tenemos tensión en lugares donde antes no la percibíamos.
  • Nos cuesta bajar el ritmo incluso cuando ya no existe ninguna urgencia.

No siempre escuchamos estas señales de agotamiento mental y nos hemos acostumbrado a pedirle al cuerpo que continúe un poco más, venga, un poco más..

  • Hasta que termine esta semana.
  • Hasta que pase este momento.
  • Hasta las vacaciones.

El agotamiento mental no siempre se manifiesta únicamente en nuestra forma de pensar; también puede hacerse presente en el cuerpo.

El cuerpo no conoce nuestro calendario. Simplemente responde a la manera en la que estamos viviendo.

NO TODO TIENE QUE SIGNIFICAR ALGO

Escucharnos tampoco significa interpretar cualquier síntoma de agotamiento mental como consecuencia del trabajo o de nuestro estado emocional.

Hay señales físicas y psicológicas que necesitan valoración profesional, especialmente cuando persisten o nos preocupan.

Pero entre ignorar lo que sentimos y convertir cada sensación en un problema existe un espacio mucho más interesante: LA CURIOSIDAD.

En lugar de preguntarnos inmediatamente:

“Cómo hago para que esto desaparezca”

Podemos incorporar otra pregunta:

“Qué está necesitando mi atención”

  • Sin sacar conclusiones.
  • Sin diagnosticar.
  • Sin decidir todavía qué tenemos que hacer.

Simplemente escuchar.

QUIZÁ NO NECESITO EXIGIRME MÁS

Puede que una de las cosas más difíciles sea dejar de responder a nuestras señales con más exigencia.

  • Estoy cansado: tengo que organizarme mejor.
  • No me concentro: tengo que esforzarme.
  • Estoy irritable: tengo que controlarme.
  • No puedo con todo: debería poder.

Y si por un instante cambiáramos de posición.

No para resignarnos, sino para reconocer:

“Hay algo en mí que necesita ser escuchado.”

Quizá todavía no sepamos qué.

Y no pasa nada.

Porque hay un momento anterior a cualquier cambio que puede ser mucho más importante de lo que parece.

El momento en el que dejamos de preguntarnos qué nos pasa para volver rápidamente a funcionar y empezamos a preguntárnoslo para comprendernos.

Ese será el siguiente paso de SER para LIDERAR.

El instante en el que podemos decir:

“Esto me está pasando.”

Porque hay un momento anterior a cualquier cambio que puede ser mucho más importante de lo que parece, también cuando atravesamos momentos de agotamiento mental.

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